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Lágrimas históricas

30.09.2021 – JÜRG STEINER

La imagen suscitó emoción mucho más allá del campo: las lágrimas del joven futbolista suizo Rubén Vargas, rodando sobre el fuerte bíceps de su compañero de equipo Xherdan Shaqiri y, en segundo plano, el rostro paternal del entrenador Vladimir Petkovic, que parece haber asimilado ya el abrupto final del efímero sueño suizo de una noche de verano.

Suiza por poco lo logra: había empatado con España 1:1 en los cuartos de final de la Eurocopa, tras 120 minutos de juego. El paso a la semifinal se decidió en los penaltis. Vargas no fue el único a quien le jugaron una mala pasada los nervios, pero su tiro fallido fue el definitivo: Suiza quedó eliminada.

Así concluyó una emotiva epopeya que, inesperadamente, había entusiasmado a medio país en junio de 2021. Al inicio de la Eurocopa, la relación de Suiza con su multicultural selección de fútbol era más que fría: para muchos, el equipo de Petkovic eran una banda de ricachones arrogantes, para los que los automóviles de lujo y los pelos pintados eran más importantes que el empeño sobre el terreno de juego. Bastarían dos victorias para que esa percepción cambiara. A raíz de un reñido partido, los suizos descalificaron incluso al equipo galo, arrogante favorito del torneo. Y de pronto, los tan criticados jugadores se convirtieron ante la opinión pública en simpáticos chicos, cuya participación en los cuartos de final contra España se celebró como un triunfo histórico.

¿Histórico? Después de la Eurocopa, el entrenador Petkovic, a menudo criticado y ahora de pronto alabado, renunció a su puesto en la selección suiza y se mudó a Burdeos. Y las lágrimas históricas de Rubén Vargas pronto quedaron en el olvido.

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