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La industria armamentística suiza se pone a la defensiva

09.12.2021 – THEODORA PETER

La carrera armamentística a nivel mundial favorece el auge de esta rama industrial en Suiza. Pero ¿cómo puede un país neutral y con tradición humanitaria justificar la exportación de armas? Bajo la presión de la sociedad civil, el sector político suizo se ve obligado a tomar cartas en el asunto.

El 21 de noviembre de 2022 se disputará el primer partido de la Copa Mundial de Fútbol en Qatar. Este rico país petrolero adquiere gran cantidad de armas para proteger su territorio y sus estadios, siendo Suiza uno de sus proveedores: Qatar compró equipos antiaéreos, por un valor de casi 200 millones de francos, a la empresa Rheinmetall Air Defence, cuyos cañones, desarrollados y fabricados en Zúrich, son capaces de derribar drones y misiles con extrema precisión. El Consejo Federal aprobó su exportación a pesar de los numerosos interrogantes que suscita el país de destino en materia de derechos humanos, entre otros, por la explotación de los trabajadores migrantes durante las obras del Mundial. Todavía en una evaluación de 2019, el Departamento Federal de Asuntos Exteriores suizo llegó a la conclusión de que Qatar vulnera los derechos humanos de forma grave y sistemática. Aunque este incumplimiento debería ser motivo de exclusión para la exportación de material bélico, el Consejo Federal invocó una cláusula de excepción, que él mismo aprobó en 2014: si tan solo existe un “riesgo limitado” de que las armas sean utilizadas en el país de destino con el fin de violar derechos humanos, esto no puede ser motivo para impedir su exportación. O, como reza la versión oficial, los cañones antiaéreos no son aptos para reprimir a la población de este país.

Armas en manos equivocadas

En Suiza, la exportación de material bélico suscita cada vez mayor oposición por parte de la sociedad civil, sobre todo en vista de que la prensa ha revelado en los últimos años que ciertas armas exportadas de forma regular desde Suiza han caído en manos equivocadas. Así, unas granadas de mano que Suiza vendió en 2003 a los Emiratos Árabes Unidos aparecieron años más tarde en la guerra civil siria. Qatar, por su parte, entregó ilegalmente municiones suizas a rebeldes libios hace diez años, lo que en su día provocó una suspensión temporal de las exportaciones. Para quienes sostienen una posición crítica, estos ejemplos dejan claro que las exportaciones de armas entrañan graves riesgos, llegando incluso a poner en entredicho la reputación de Suiza como país defensor de los derechos humanos.

“El control democrático se fortalece y el Consejo Federal tendrá más dificultades para relajar las disposiciones para la exportación”.

Josef Lang

En 2018, una amplia alianza de organizaciones para la defensa de los derechos humanos, asociaciones humanitarias y partidos políticos promovió la llamada “Iniciativa de corrección”. El objetivo de esta iniciativa popular era que se consignaran en la Constitución las líneas rojas que no deben cruzarse en este ámbito, como la prohibición de exportar armas a países que vulneren sistemáticamente los derechos humanos o que estén involucrados en guerras civiles o conflictos armados. Los promotores querían evitar que el Consejo Federal cediera a la presión de la industria armamentística y facilitara las exportaciones. En pocos meses se recogieron muchas más de las 100 000 firmas que requiere una iniciativa popular. Sin embargo, ésta no llegó a las urnas, porque el Parlamento comprendió el mensaje de la sociedad civil y otorgó reconocimiento legal al endurecimiento de los criterios de exportación: al ver satisfechas sus demandas, los promotores retiraron la iniciativa.

Mayor control democrático

La “Iniciativa de corrección” permitió evitar “que la situación empeorara”, reconoce Josef Lang, uno de sus promotores. Este ex Consejero Nacional de los Verdes y cofundador del “Grupo Suiza sin Ejército” (GsoA) hubiera preferido que se decretara la prohibición total de las exportaciones de material bélico. Sin embargo, el pueblo suizo no le dio la razón: en 2009, una iniciativa popular en este sentido ya había sido rechazada por el 68% de los votantes. Casi una década después, fracasó otro intento que pretendía prohibir la financiación de los productores de material bélico (véase Panorama 5/2020): en la votación popular de finales de 2020, casi el 58% de los suizos se pronunció en contra.

No obstante, Josef Lang considera que la “iniciativa de corrección” marcó un gran avance: “El control democrático salió fortalecido y en adelante el Consejo Federal tendrá más dificultad para aprobar cualquier flexibilización”. Mientras que hasta ahora el gobierno podía modificar por iniciativa propia los criterios para la exportación de armas, en el futuro esta competencia le corresponderá al Parlamento y, en última instancia, a los electores, subraya Lang. “A fin de cuentas, cualquier modificación de la ley puede impugnarse mediante referendo”. El Parlamento tampoco concedió poderes especiales al Consejo Federal, aunque el gobierno insistía para conservar su derecho de autorizar más excepciones “en defensa de los intereses nacionales”. Esta puerta de atrás ha quedado definitivamente cerrada.

El sector armamentístico amenaza con emigrar

El sector armamentístico no está tan satisfecho con las decisiones del Parlamento, que son “de incalculables consecuencias”, advierte Matthias Zoller, quien encabeza el grupo de trabajo “Seguridad y Técnica de Defensa” (ASUW), un grupo que representa los intereses de los productores de armas. A mediano plazo, la industria armamentística acabará por abandonar Suiza, presagia Zoller, quien destaca la competencia de la Unión Europea. La UE está invirtiendo 8 000 millones de euros en un programa para la implantación de la industria de armamento: “Allí las empresas suizas son bienvenidas en todo momento”. El futuro régimen de exportación ya no permitirá exportar a países involucrados en un conflicto armado. “Con una interpretación restrictiva, que es lo que cabe esperar, ya no podríamos exportar a EE. UU., Francia o Dinamarca”, advierte Zoller. Por ello espera que la Confederación se comprometa con este sector para que sigan “siendo posibles la exportación y la cooperación con los países amigos”.

Las restricciones afectan a unas 200 empresas que suelen solicitar autorización para exportar su material bélico. Según estima la Confederación, la industria suiza de seguridad y defensa emplea a entre 10 000 y 20 000 personas, incluyendo a los proveedores. Estas empresas también fabrican artículos militares que no se consideran material bélico, porque no pueden usarse como armas ofensivas: tal es el caso, por ejemplo, de los aviones de entrenamiento del fabricante suizo Pilatus. Estos aviones pueden exportarse a países como los Emiratos Árabes Unidos, Jordania o Arabia Saudita, involucrados en la guerra en Yemen.

En el futuro, las exportaciones de cañones “made in Switzerland” al emirato de Qatar dependerán de cómo evalúe el Consejo Federal la situación de los derechos humanos en ese país. Actualmente, Qatar no participa en conflictos bélicos como el de Yemen. No obstante, según expertos en Oriente Medio, esta rica nación del Golfo Pérsico aspira a convertirse en una potencia regional. Con ello aumenta el peligro de que se vea involucrada en futuros conflictos, lo que a su vez podría conllevar violaciones del derecho internacional humanitario. Suiza, como Estado depositario de las Convenciones de Ginebra, no puede tener ningún interés en que esto ocurra.

 
 
Récord histórico de las exportaciones de armamento

El año pasado, Suiza exportó material bélico por un valor de casi 900 millones de francos: esta cifra, la más elevada de los últimos años, representa un aumento del 24 por ciento con respecto al año anterior (véase el gráfico). Sin embargo, en relación con el total de las exportaciones de la economía suiza, el peso del material bélico equivale a apenas un 0,3 por ciento. En 2020, los dos principales clientes del sector armamentístico fueron Dinamarca y Alemania. Casi el 60 por ciento del material de guerra se exportó a Europa; en segundo lugar está Asia, con países de destino hasta cierto punto polémicos, como Arabia Saudita, Baréin, Omán y Pakistán.

Suizos en ejércitos extranjeros

Suiza cuenta con una larga tradición militar. Hasta muy entrado el siglo XIX, cientos de miles de suizos prestaron sus servicios en diversos ejércitos extranjeros. Con la fundación de la Confederación moderna se redujo la importancia de los mercenarios.

Durante mucho tiempo, la antigua Confederación tuvo ambiciones expansionistas. Esto cambió en 1515, con la batalla de Marignano. Los confederados perdieron la guerra por el Ducado de Milán y se vieron obligados a renunciar a sus ambiciones. Desde entonces, en lugar de combatir por su país, los hijos de campesinos solo tuvieron la posibilidad de participar en guerras extranjeras. Los mercenarios alcanzaron su auge entre los siglos XV y XVIII. Durante mucho tiempo, el servicio militar en los ejércitos extranjeros fue el segundo sector económico más importante de Suiza, después de la agricultura. Los campesinos eran reclutados por oficiales suizos que los organizaban en regimientos. Estos regimientos lucharon, entre otros, para Francia, España, Austria, Saboya, Hungría y los Países Bajos. Desde principios del siglo XVI y hasta la fecha, la Guardia Suiza del Vaticano es la encargada de velar por la seguridad del papa.

Combinando el espíritu aventurero con el afán de huir de la miseria

Tras la fundación del Estado Federal en 1848 se fue reduciendo cada vez más la importancia de los mercenarios a sueldo de potencias extranjeras. Sin embargo, la Legión Extranjera francesa siguió reclutando decenas de miles de mercenarios. Aunque en 1859 Suiza prohibió las campañas destinadas a enrolar mercenarios, su reclutamiento siguió permitido hasta los años 1920. Otras potencias coloniales, como los Países Bajos, también recurrieron ampliamente a los mercenarios suizos. Según el historiador Philipp Krauer, entre 1815 y 1914 unos 7 600 soldados helvéticos combatieron para el ejército colonial holandés en el territorio de la actual Indonesia. Krauer investiga su historia en el marco del proyecto “Swiss Tool of Empire”. Ante la miseria y la emigración, muchos políticos de entonces se alegraban de ver “que los suizos pobres optaban por el ejército colonial”, escribe Krauer. Además de huir de la miseria, muchos mercenarios iban en busca de aventura. La imagen romántica del servicio en los trópicos no tardaba en darse de bruces con la dura realidad: por ejemplo, en Indonesia casi la mitad de los mercenarios murió durante su misión. Además, los suizos que servían en el extranjero no podían aspirar a tener carrera militar. Muchos se arrepentían de su decisión y acudían al cónsul suizo con la esperanza de que pudiera rescindir su contrato, la mayoría de las veces en vano.

Desde 1927, el código penal militar prohíbe el servicio militar para países extranjeros. A pesar de ello, después de la Segunda Guerra Mundial unos 240 mercenarios eran sentenciados todos los años por alistarse en la Legión Extranjera francesa. En la actualidad solo se conocen casos aislados. Las autoridades también aplicaron todo el peso de la ley a los casi 800 voluntarios que, entre 1936 y 1939, combatieron en España contra el fascismo, junto a los republicanos. Sin embargo, al cabo de setenta años el Parlamento rehabilitó a estos activistas que lucharon por la libertad y la democracia.

Prohibidas las empresas de mercenarios

Desde 2013 están explícitamente prohibidas en Suiza las empresas de mercenarios. Las empresas de seguridad con sede en el país no pueden participar en conflictos armados en el extranjero, ni reclutar mercenarios para ese fin. Suiza asume así responsabilidad, subrayó en su momento la Ministra de Justicia, Simonetta Sommaruga (PSS), durante la presentación de la ley: “No podemos ser indiferentes a lo que hagan en el extranjero las empresas con sede en Suiza”.

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