Menu
stage img
  • Sociedad
  • Coronavirus

Con el invierno que se aproxima se disparan los contagios

25.11.2020 – Susanne Wenger

Después del confinamiento de primavera, Suiza relajó significativamente las medidas para contener la propagación de la pandemia. A pesar de que se tomaron otras medidas complementarias de prevención, el número de contagios volvió a dispararse en otoño. Ahora ha llegado al país la segunda ola.

Cuando a principios de octubre se disparó de pronto el número de contagios por coronavirus en Suiza, el veterano epidemiólogo basiliense Marcel Tanner habló claro: Suiza había sido menos restrictiva que sus vecinos en el combate a la pandemia; “por eso, declaró el científico, todos los ciudadanos debemos comprender que ahora somos corresponsables de la evolución de la situación”. La estrategia suiza no funciona sin disciplina en materia de distanciamiento e higiene, contrariamente a lo que se creyó durante un tiempo. Cuando las medidas se relajaron cautelosamente tras el confinamiento y no se constató un aumento de los contagios, el Consejo Federal anuló rápidamente otras restricciones: fue palpable el alivio colectivo.

“Podemos con el corona”, alardeaba en mayo el Ministro del Interior suizo Alain Berset. La Presidenta Federal Simonetta Sommaruga habló de la “nueva normalidad”. Esto significaba que si bien el virus seguía presente, con la adopción de medidas complementarias era posible restablecer las libertades habituales y revitalizar los sectores golpeados. Volvieron a abrir los restaurantes, clubes, tiendas, colegios y oficinas. De nueva cuenta estaba permitido viajar o manifestarse, aunque con un plan de protección, y en parte con un registro obligatorio. Así pintaba la “nueva normalidad”. También el Parlamento volvió a reunirse y, a mediados de junio, la Confederación devolvió el poder a los cantones, poniendo fin a la situación excepcional que le confirió competencias especiales, en virtud de la Ley de epidemias.

Verano relajado

En vez de imponer medidas a nivel nacional, se consideró más conveniente reaccionar ante cualquier foco de contagio local. Suiza siguió una estrategia de contención y tests. Con el afán de romper rápidamente las cadenas infecciosas, los cantones apostaron por el seguimiento de los contactos. Todo individuo que hubiese estado cerca de una persona contagiada, era avisado y, de ser necesario, puesto en cuarentena. Fueron miles los afectados: desde trasnochadores y miembros de asociaciones deportivas hasta asistentes a ceremonias religiosas, e incluso un Consejero Federal. Cuando, a partir de junio, volvieron a dispararse los contagios, la Confederación volvió a intervenir, por tiempo limitado: ordenó el uso obligatorio de mascarillas en el transporte público de todo el país y prescribió la cuarentena para quienes regresaban de zonas de riesgo.

Muchos suizos pasaron las vacaciones de verano en su país. El ambiente era más relajado que en primavera, aun cuando se tuvo que prescindir de los grandes festivales al aire libre y de los festejos nacionales del 1o. de agosto. Las manifestaciones contra las restricciones que aún seguían vigentes por el coronavirus no atrajeron a las masas. Cuando la tasa de contagios volvió a aumentar entre julio y septiembre, esto no fue motivo de gran preocupación: las cifras eran inferiores a las de marzo y abril, había menos hospitalizaciones y muchas menos muertes. Sin embargo, varios científicos dieron la voz de alerta, entre ellos la viróloga ginebrina Isabella Eckerle: Suiza debía actuar para evitar peores consecuencias. Y aunque ciertos cantones endurecieron sus medidas, la Confederación continuó relajándolas, por ejemplo autorizando la celebración de eventos masivos.

Preocupación en otoño

A partir de octubre volvieron a celebrarse partidos de fútbol y de hockey sobre hielo ante más de un millar de espectadores y se pudo asistir otra vez a conciertos, aunque bajo estrictas medidas de protección y previa autorización cantonal. A finales de febrero, Suiza había sido el primer país europeo en prohibir los eventos masivos; ahora se apresuraba a relajar las medidas. “Debemos aprender a vivir con el virus”, declaró Alain Berset. Las asociaciones deportivas y las instituciones culturales se alegraron de este paso, aunque la mayoría de cantones habría preferido esperar hasta fin de año: delicados malabarismos.

En los primeros días de octubre se dispararon los contagios. Mientras que a principios de junio daban positivo menos de veinte personas al día, a finales de octubre eran más de 7 000, un nuevo récord desde el inicio de la pandemia. La tasa de casos positivos en los tests superó el valor umbral por encima del cual la OMS considera que un país ya no tiene controlada una pandemia. Se había acabado la despreocupación, al tiempo que volvía a aumentar el número de hospitalizaciones y fallecimientos. El Grupo de Trabajo Nacional sobre la COVID declaró que reducir el número de contagios era “prioridad absoluta”. De no poder rastrear ya los contactos, la situación se saldría de control.

Faltan datos

Si bien se esperaba que los contagios se incrementaran durante la temporada fría, debido a que las personas pasan más tiempo en interiores, no se pensaba que esto ocurriera tan pronto y con tanta intensidad. ¿Cómo había podido ocurrir esto en un país como Suiza, que en un principio había tenido un manejo ejemplar de la crisis? “Nuestra situación actual es peor que la de otros países”, admitió el Ministro del Interior. La opinión pública empezó a buscar culpables. Tanto dentro como fuera del Parlamento se levantaron voces, afirmando que el sistema federal suizo no funcionaba en caso de pandemia y exigiendo que la Confederación volviera a asumir el liderazgo y actuara con firmeza. Porque se manejaban normas muy diferentes según los cantones, por ejemplo respecto al uso de mascarillas. También dejaba que desear la transmisión a la Confederación de los datos sobre el seguimiento de contactos. De ahí que los científicos carecieran de los datos necesarios para saber dónde ocurrían los contagios.

A esto se sumó la despreocupación de una parte de la población, que en la expresión “nueva normalidad” pronunciada por Simonetta Sommaruga sólo parecía darle importancia a la segunda palabra. Asimismo, las declaraciones a veces contradictorias de los científicos, fruto de la libertad de expresión y de investigación, contribuyeron a cierta falta de claridad entre la población. La Confederación y los cantones exhortaron a los ciudadanos a respetar rigurosamente las normas de protección para evitar un segundo confinamiento. “Se acerca la hora H”, advirtió la Presidenta Federal. Suiza volvió a sumirse en la incertidumbre mucho antes de que cayera la primera nieve. ¿Deberán las fiestas navideñas celebrarse en el bosque y en un estricto marco familiar, como recientemente lo propuso, a modo de prevención, el epidemiólogo Marcel Tanner?

Este artículo refleja la situación al cierre de edición (mediados de octubre). Está disponible en tres lenguas la evaluación actualizada de la situación de la COVID por el Grupo de Trabajo Nacional, en www.ncs-tf.ch

 

top