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Cómo Suiza se dejó arrollar por la pandemia

04.02.2021 – Susanne Wenger

Ante la segunda ola del coronavirus, el gobierno federal y los cantones evitaron adoptar medidas demasiado estrictas, con el afán de no afectar en exceso a la economía y la sociedad. Sin embargo, esto no permitió controlar la situación. Fallecieron un número inusual de personas mayores.

En febrero, cuando aparezca este número de Panorama Suizo, se habrán vacunado los primeros ciudadanos suizos contra el coronavirus. Esto debería ser una contribución decisiva para frenar la pandemia. Pero en Adviento, cuando se redactaron las presentes líneas, la situación era muy tensa. Suiza resistió la primera ola sin sufrir mayores estragos; pero la segunda la convirtió en un foco de la pandemia en Europa. Las instituciones políticas se mostraron más divididas que nunca. Y se resquebrajó la imagen de Suiza como país en el que todo siempre funciona bien. ¿Qué ocurrió? Intentaremos explicarlo a continuación, a sabiendas de que habrá nuevos giros de guion tras el cierre de redacción.

Alain Berset, Ministro de Salud Pública: “Suiza sigue su propio camino”. Foto KEYSTONE-ATS

A principios de verano se levantó el estado de excepción que permitía al Consejo Federal tomar decisiones en forma casi autónoma. A partir de ese momento, la gestión de la crisis dejó de estar en sus manos, para recaer en los cantones. En Suiza, país con una estructura federalista, incumbe a los cantones hacerse cargo de la salud pública, por lo que éstos reclamaron sus prerrogativas ante la marcada disminución de los contagios. El Consejo Federal quedó relegado a segundo plano, incluso cuando, en octubre, llegó la segunda ola. Al principio, no todas las regiones se vieron afectadas por igual, y predominó la opinión de que la mejor opción eran medidas puntuales, acordes con cada circunstancia.

Suiza sigue “su propio camino”

Sin embargo, las cifras se incrementaron drásticamente y alcanzaron, a principios de noviembre, un récord de casi 10 000 nuevos contagios diarios. A finales de octubre, el Consejo Federal volvió a intervenir y aprobó disposiciones válidas para todo el país, entre ellas la ampliación del uso obligatorio de mascarillas y la prohibición de eventos multitudinarios. Sin embargo, el Consejo Federal renunció a decretar un confinamiento parcial, una medida que habían adoptado anteriormente los cantones de la Suiza occidental ante el considerable incremento del número de contagios en su territorio. Los restaurantes y comercios continuaron abiertos, con ciertas restricciones. A este respecto, Suiza se desmarcó de sus vecinos, a pesar de presentar cifras más elevadas en relación con su población.

El Ministro de Salud Pública, Alain Berset (PSS), defendió ante la ciudadanía la decisión de un gobierno mayoritariamente conservador, declarando que Suiza seguía “su propio camino”. El Consejo Federal pretendía proteger la salud, “pero sin causar daños innecesarios a la sociedad y la economía”. La asociación interprofesional Gastrosuisse y la unión económica Economiesuisse no ocultaron su alivio. El objetivo de las autoridades era reducir las cifras a la mitad cada dos semanas, hasta Navidad. En un primer momento lo lograron y en noviembre la curva descendió, sobre todo gracias a las estrictas medidas que adoptó Romandía.

Ueli Maurer, Ministro de Finanzas: “Se ponderaron los pros y contras”. Foto KEYSTONE-ATS

Sobrecarga hospitalaria

Sin embargo, Suiza no consiguió salir de la zona de peligro, debido en parte a que los cantones de lengua alemana impusieron menores restricciones, para gran disgusto del Consejo Federal. Así, en este pequeño país con sus 26 cantones y semicantones, imperaba una profusión de normas divergentes. Los llamamientos a la autodisciplina terminaron quedando sin efecto. A inicios de diciembre, las cifras, que habían permanecido elevadas, empezaron a aumentar en casi todos los cantones. Los contagios representaban una pesada carga para los hospitales y las residencias de ancianos; empezaban a escasear las camas en las unidades de cuidados intensivos. En la segunda ola, la cifra de muertos de edad avanzada por covid-19 superó el promedio.

En una comparación internacional, Suiza experimentó un índice elevado de fallecimientos por coronavirus, a pesar de su excelente sistema sanitario. Al ser interrogado al respecto en un programa de radio a mediados de noviembre, el Ministro de Finanzas Ueli Maurer respondió que la mayoría de las víctimas tenían más de 80 años. El gobierno, declaró Ueli Maurer, había “ponderado los pros y contras”. Como protesta ante la indiferencia que prevalecía en la política y la opinión pública, varios activistas encendieron velas en la Plaza de la Confederación de Berna. Hasta Navidad habían fallecido más de seis mil personas por coronavirus.

Simonetta Sommaruga, Presidenta de la Confederación. Foto KEYSTONE-ATS

La ciencia da la voz de alerta, pero en vano

Cuanto más grave se volvía la situación, más enardecidos se volvían los debates. No solo los epidemiólogos recomendaban medidas más drásticas, sino también los economistas: de nada servía a la economía tener a una población enferma. Los partidos políticos, que habían respaldado al Consejo Federal en primavera, abandonaron su reserva: en la sesión de invierno en el Palacio Federal, el PSS y los Verdes reclamaron medidas más decididas y un mayor apoyo a la industria para ayudarla a superar las consecuencias económicas de la pandemia. En cambio, el PLR y la UDC se opusieron tan enérgicamente a toda intervención restrictiva y generalizada, que terminaron imponiendo sus exigencias: en Suiza las estaciones de esquí abrieron sus pistas, mientras que Europa luchaba por una reglamentación conjunta.

Los medios cuestionaban cada vez más la estrategia suiza. La revista digital Republik preguntaba: “Medidas minimalistas contra la covid-19: las estaciones de esquí reciben su regalo de Navidad. ¿Qué valores sigue considerando Suiza innegociables?”. “Esperar mata”, dictaminó incluso el periódico Neue Zürcher Zeitung, que en general había respaldado la estrategia liberal y regionalmente diversificada de lucha contra la pandemia. En retrospectiva, consideró erróneo que Berna y los cantones no hubieran impuesto desde octubre medidas más firmes ante el incremento de casos.

Los límites de la responsabilidad individual en una pandemia altamente contagiosa, la lentitud del sistema de gobierno suizo, un federalismo descoordinado, las deficiencias en la oportuna elaboración de una estrategia contra la segunda ola, la prevalencia de los intereses de grupos reducidos sobre la razón científica, el temor a las consecuencias económicas de un cierre de producción, son algunos de los factores que generaron la debacle del coronavirus en Suiza. En el extranjero se observó con perplejidad la gestión de la pandemia en el país. “Suiza, el país menos endeudado del mundo, prioriza el ahorro ante la vida humana”, titula la célebre publicación estadounidense Foreign Policy. La revista alemana Der Spiegel opina que Suiza se considera invulnerable, una creencia con raíces históricas.

Aumenta la presión sobre el Consejo Federal. En vísperas de las festividades, los grandes hospitales dan la voz de alerta: su personal está agotado. Después de eso, el gobierno federal toma las riendas y endurece las reglas en todo el país. Se cierran los restaurantes, centros deportivos, museos e instalaciones de ocio. La Presidenta Federal Simonetta Sommaruga apela a la población: “Necesitamos a todo el país”. Sin embargo, las medidas eran en parte contradictorias y menos drásticas que en otros países europeos. Las tiendas permanecieron abiertas, al igual que las pistas de esquí en los cantones turísticos. Mientras tanto, el Foro Económico Mundial, que tradicionalmente se celebra en Davos, echa un jarro de agua fría al anunciar que trasladará su edición 2021 a Singapur. La situación epidemiológica de Suiza se había vuelto demasiado delicada para la élite económica.

Información actualizada: www.sciencetaskforce.ch
 

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