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  • Sociedad

Una aldea alpina acapara los titulares de la prensa mundial

21.03.2018 – Jonas Schmid

Para luchar contra el éxodo de sus habitantes, el pueblo de Albinen recurre a incentivos monetarios. La noticia ha dado vuelta al mundo, tomando por sorpresa al municipio. A continuación, una visita a esta diminuta aldea del Valais.

Finalmente, puede dar rienda suelta a su frustración: “¡Estáis todos locos!”, grita Beat Jost a los periodistas que han acudido a la cita. El alcalde de Albinen tira del bigote, murmura algo acerca de una “historia absurda” y se aleja pataleando. ¿Qué es lo que saca de sus casillas a este hombre, que los habitantes describen como dinámico y carismático? Es el inesperado alboroto mediático causado por el incentivo para la construcción de viviendas en su pueblo. Poco antes de la asamblea municipal, el alcalde teme que sus paisanos se opongan a su propuesta, por temor a que los forasteros invadan el pueblo. Dice disgustado que sus opositores no podrían haber concebido una mejor campaña; pero lo que calla, es que el municipio ha logrado así un fantástico golpe mediático.

Pero vayamos por partes. Albinen, ubicado a 1 300 metros sobre el nivel del mar, es el típico pueblo del Valais, tranquilo y con hermosas vistas. Sin embargo, la apariencia idílica engaña. Mientras que los centros urbanos suizos se quejan de los trenes abarrotados, las zonas marginales, como Albinen, luchan desesperadamente contra el éxodo de su población. Para mantener a los jóvenes en el pueblo o atraer a nuevas familias, el municipio lanzó una idea poco convencional: una indemnización de 70 000 francos para las familias de cuatro miembros que vivan en el pueblo durante un tiempo prolongado. Para recibir el incentivo hay que cumplir unas condiciones estrictas: diez años de residencia, una inversión de al menos 200 000 francos en una vivienda y, en el caso de los extranjeros, un permiso de residencia tipo C.

Ocurrió lo que suele ocurrir en la era del periodismo en línea: el verano pasado, algunos medios de comunicación presentaron la iniciativa de forma bastante objetiva; pero semanas más tarde, la noticia fue retomada por la plataforma “20 Minuten”, que publicó un artículo titulado “¿Vendría usted a vivir aquí por 70 000 francos?”, que se parecía más a un cuento de Navidad que a una nota periodística. Los autores sólo mencionaban marginalmente las estrictas condiciones del ayuntamiento. A raíz del artículo, la noticia corrió como un reguero de pólvora y se difundió en plataformas de todo el planeta. Los primeros fueron los periódicos sensacionalistas británicos, seguidos de los medios de comunicación rusos, indios y chinos. Competían unos con otros con titulares que intentaban llamar la atención, como: “Este pueblo suizo te regala 70 000 francos si te mudas a vivir allí. ¡Junta tus pertenencias!”

Con las maletas en la tienda del pueblo

La noticia tuvo un eco gigantesco: los responsables recibieron miles de solicitudes. Al principio lo tomaron con humor. Sin embargo, dejaron de reír cuando empezaron a llegar italianos con sus maletas rebosantes a la tienda del pueblo, preguntando por el dinero. Para Jost, antiguo sindicalista y periodista, las cosas habían llegado demasiado lejos. Desapareció de la vida pública, e incluso pretendió excluir a los periodistas de la asamblea municipal en la que se dirimiría el asunto. Sin embargo, el cantón se opuso a ello, invitándolo a respetar el principio de las asambleas públicas. A principios de diciembre se celebró la asamblea municipal en la estación de bomberos.

Los habitantes de Albinen respaldaron con amplia mayoría la propuesta de su alcalde, que semanas antes había causado tanto jaleo. Los jóvenes se alegraron, Jost se pasó la mano por el pelo y apareció sonriente ante las cámaras. Estaba otra vez en paz consigo mismo, con los periodistas y con el mundo.

No obstante, los jóvenes del pueblo se encuentran en la disyuntiva: ¿quedarse o marcharse? ¿Irse a donde hay trabajo, escuelas y supermercados? Tres jóvenes familias se mudaron hace poco. Quienes se quedan son los ancianos. El próximo año, la mitad de los 240 habitantes del pueblo se jubilarán. “Nos estamos muriendo”, advierte Jost. Con el incentivo para la construcción de viviendas, espera atraer de cinco a diez nuevas familias y rejuvenecer así el pueblo. Esto significaría, en el mejor de los casos, que la escuela podría reabrir.

Jonas Schmid es redactor del periódico Südostschweiz.

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