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Música del Valais desde el Grandhotel

27.01.2023 – MARKO LEHTINEN

Quizá tenga que ver con su lengua, pues el alemán del Valais nos resulta simpático a todos los suizos. O quizá se deba a la personalidad campechana, serena y amable de Sina. En cualquier caso, esta cantante suiza goza de gran popularidad en todo el país, desde hace años.

Hay quien opina que su adaptación del clásico soul de Dusty Springfields “Son of a Preacher Man” como “Där Sohn vom Pfarrär” [“El hijo del párroco”] suena demasiado popular; a algunos incluso les parece trivial que Sina, en un concierto del álbum “Marzipan”, lance mazapanes al público y pregunte: “Wänd dir Marzipan?” [“¿Queréis mazapán?]. Pero, al final, cualquier asomo de crítica se desvanece ante su dialecto lleno de autenticidad y sinceridad. Basta con dejar que el título de su último sencillo se derrita en la lengua: “Fär wer soll i singu?” [“¿Para quién canto?”]. ¡Qué encanto! Aunque, a decir verdad, el contenido de la canción no es nada gracioso.

SINA “Zitsammläri”, Muve, 2022. Foto: Pat Wettstein

Cabe destacar que las cualidades de Sina van mucho más allá del mero encanto de su dialecto: la galardonada cantante del Valais escribe canciones que, aunque pueden a veces resultar demasiado convencionales, rebosan auténtica ternura, poesía y profundidad, sobre todo en los momentos menos graciosos.

Su 14.° álbum, Zitsammläri [“Coleccionista de tiempo”], no es la excepción. Junto con su esposo, Markus Kühne, Sina compuso nuevas canciones durante la pandemia, totalmente aislada del mundo exterior. La letra de estas canciones se debe a algunos de sus amigos del mundo de la literatura, el slam y el cabaré, como Sibylle Berg, Simone Meier, Bänz Friedli, Jürg Halter y Franz Hohler: los textos giran en torno al tema universal del “tiempo”. Junto con su banda y bajo la dirección de su co-compositor y productor Adrian Stern, Sina grabó estas canciones en el histórico Grandhotel Giessbach, cerca de Brienz.Zitsammläri es un álbum conceptual entre el folk, el pop y la música folclórica suiza, que aborda de forma romántica e intelectual el tema del tiempo que inexorablemente transcurre. Particularmente cautivadora es la canción “Hände” [“Manos”], cuya letra se debe a la escritora Bettina Spoerri. “Primero, las manos aprenden a atarse los zapatos, y luego un día les salen venas azules. Y te asombras de lo rápido que pasa la vida”, comenta Sina en una entrevista. Y agrega: “Pienso que envejecer ante el público es un reto. Me gustaría decir que no me molestan mi papada o mis ojeras. Pero, por supuesto, quiero mostrarme con mi mejor cara”.

Con estas palabras parecen haberse esfumado el aire campechano y el humor subliminal de su simpático dialecto. De pronto, Sina ha creado un clásico de la música dialectal. Uno se siente conmovido... y también algo sorprendido.

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