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Fría, serena, sin dogmatismos: Simonetta Sommaruga, Presidenta de la Confederación

14.01.2015 – Jürg Müller

Simonetta Sommaruga, concertista de piano, toca virtuosamente desde hace años en los teclados políticos. Como Presidenta de la Confederación en el 2015 será responsable de algunos de los expedientes más complejos.

Septiembre de 2013: el Partido Socialista de Suiza celebra en la ciudad histórica de Berna sus 125 años de existencia con una gran fiesta popular. La noticia se extiende como regadero de pólvora: en unos minutos habrá una sorpresa en el cercano centro cultural «Progr». La sala está repleta, reina una enorme curiosidad. A continuación, los dos consejeros federales del PS, la Ministra de Justicia, ­Simonetta Sommaruga, y el Ministro del Interior, Alain Berset, salen al escenario, se sientan al piano de cola y entusiasman al público tocando a cuatro manos. Sommaruga lleva un vestido de noche largo, negro, Berset un smoking negro y una pajarita.

Esta representación es más propia de una sala de conciertos clásica burguesa que de una fiesta popular socialdemócrata. Sommaruga, pianista diplomada, no teme el contacto personal, y con su porte sencillo y elegante no asusta ni a los más conservadores representantes del pueblo. Esa fue una de las ventajas decisivas frente a su competidora, la consejera nacional zuriquesa del PS Jacqueline Fehr, en las elecciones de sucesión tras la dimisión del consejero federal del PS, Moritz Leuenberger, en septiembre de 2010.

Una ministra fría con expedientes llenos de emociones

Aún más accidentada que las elecciones fue la adjudicación de departamento: el hecho de que Simonetta Sommaruga tuviera que asumir la dirección del Departamento de Justicia y Policía contra su voluntad y la de su partido desencadenó airadas protestas del Presidente del PS, Christian Levrat. Ya entonces se percibía que en ese departamento sería difícil cosechar laureles y que en él abundan por doquier las minas terrestres políticas. No sólo están en sus manos varias iniciativas populares aprobadas por el pueblo muy difíciles de aplicar, sino que además Sommaruga es responsable de expedientes llenos de emociones sobre política de asilo y migración. Y si ya la aplicación de la iniciativa de la UDC contra la inmigración masiva, aprobada en febrero de 2014, es una tarea hercúlea, la consejera federal está además reestructurando el asilo a una gran velocidad: en septiembre el Parlamento aprobó la propuesta de reformar a fondo el asilo. La meta principal es acortar considerablemente los procesos de asilo, para lo cual se construirán seis grandes centros federales de asilo. Según el plan, la búsqueda de lugares adecuados debería haber concluido a finales del año pasado, pero resulta difícil.

Aun así, parece que las dificultades espolean a la nueva Presidenta de la Confederación, porque ni en momentos delicados se percibe en la ministra el menor atisbo de emociones ni tirantez. Siempre se comporta friamente y muestra una gran serenidad, además de irradiar una calma altamente racional y concentrada. Incluso en acalorados debates públicos, la máxima emoción que muestra es una ligera crispación casi imperceptible de los músculos faciales. Aunque en ocasiones hable sin rodeos, mantiene siempre su amabilidad algo distante.

Luchadora infatigable en pos de la perfección

Sommaruga es considerada una perfecta mediadora y, a la hora de tomar decisiones, intenta incluir a todas las partes que busquen persistentemente compromisos. Cuando sufre un revés se comporta como se espera de una alumna modelo – o de una profesional de la música que lucha incansablemente por alcanzar la perfección: siempre vuelve a empezar; empolla el expediente, busca un nuevo enfoque.

Sigue tocando regularmente el piano, pero hace mucho tiempo que ya no es pianista. Sommaruga fue muchos años gerente y después Presidenta de la Fundación para la Protección del Consumidor, lo que la hizo conocida e incluso popular en amplios sectores de la población. De 1997 a 2005 acumuló una gran experiencia ejecutiva en Köniz, un municipio de las afueras de Berna, desde 1999 fue además miembro del Consejo Nacional. En 2003 logró para el PS, gracias a su popularidad, uno de los dos escaños del Consejo de los Estados en el cantón de Berna, a excepción de un breve intermedio en los años 50, hasta ahora siempre en manos de los conservadores.

Esta política de 55 años se crió en el cantón de Argovia, está casada con el escritor Lukas Hartmann y no sigue a ciegas a su partido. Muy al contrario, es una de las redactoras del manifiesto de Gurten, del año 2001, por lo que se la consideraba más bien golpista dentro del partido. Dicho manifiesto liberal de izquierda ponía en tela de juicio varios principios socialdemócratas clásicos y situaba a la reserva de electores del PS más bien en el centro que en círculos izquierdistas, lo que desató las iras de famosos camaradas y de la propia cúpula del partido, que opinaban que se trataba de un “acercamiento neoliberal” a los conservadores, y a Sommaruga se la castigó en parte con desprecio. Naturalmente, el PS no pudo ignorar su popularidad, y tuvo la agudeza de servirse de ella, pero lo que de todos modos permaneció fue la reputación de Simonetta Sommaruga como política independiente, también en lo referente a la política de partido.

Jürg Müller es redactor de “panorama suizo”

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