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El “francés precoz” divide al país

11.12.2014 – Marc Lettau

Suiza libra actualmente una espinosa batalla lingüística: varios cantones de la Suiza alemana ya no quieren que se ­enseñe el francés en la escuela primaria. Para los suizos franceses, esto constituye una amenaza a la cohesión nacional.

Una señora en un autobús municipal de Bienne habla alemán con la que tiene al lado. Esta, a su vez, responde elocuentemente en francés, y las dos se entienden perfectamente. La animada conversación se convierte en una mezcla de alemán y francés en la que no faltan frases en las que la mitad se formula en alemán y la otra mitad en francés.  Esto es parte de la vida cotidiana en Bienne. Las dos señoras representan a una mayoría: un 63% de los habitantes de Bienne son bilingües o políglotas.

Cuatrilingüe, multilingüe

Pero Bienne no está en todas partes. Y desde luego el cuatrilingüsimo oficial de Suiza no debe hacernos suponer que en el país pululan los cuatrilingües. Muy pocos dominan de verdad las cuatro lenguas nacionales: alemán, francés, italiano y retorromance. Por otro lado, el hecho de que muchísimas personas no hablen la misma lengua en casa y en el trabajo, o en su lugar de formación, es parte de las experiencias cotidianas en este pequeño país dividido en pequeñas regiones lingüísticas. La cifra de personas que hablan francés en la vida cotidiana es superior a la de suizos franceses y la de los que hablan fuera de casa el dialecto suizo alemán o el alemán es mucho mayor que la de los habitantes de lengua materna alemana. Con ello, las cuatro lenguas nacionales cobran una mayor importancia y se convierten en puentes que facilitan la comprensión en una sociedad cada vez más móvil. Muy significativamente, la legislación suiza sobre las lenguas estipula que “hay que reforzar el cuatrilingüismo como característica de Suiza” y, mediante el cuidado de la lengua “consolidar la cohesión interna del país”. Para la inmensa mayoría de los suizos esto es evidente: cuantas más personas hablen o al menos entiendan más de una lengua nacional, mejor se aplicará el concepto de nación creada por voluntad propia, como se dice de Suiza.

Situación explosiva

No obstante, ahora nos encontramos ante una situación explosiva. Los suizos franceses acusan a la Suiza alemana de poner en peligro la paz lingüística del país. “La guerre des langues est déclarée” (se declara la guerra lingüística), decían en mayo los titulares del semanario “l’Hébdo”. ¿Qué ha pasado? El objeto concreto del litigio es el llamado “Frühfranzösisch”, es decir las clases de francés en la escuela primaria. Y mientras en todos los cantones de la Suiza francesa la primera lengua no materna enseñada en las escuelas primarias es el alemán, un número creciente de cantones de la Suiza alemana se dispone a acabar con el francés en la escuela primaria. Este año, el Parlamento cantonal de Turgovia decidió suprimir el francés como asignatura en la escuela primaria. Poco después, el Parlamento cantonal de Schaffhausen quiso dar el mismo paso. Luego fue el Gobierno de Nidwalden el que sentó las bases para eliminar la enseñanza del francés en la escuela primaria. Además, en los cantones de Los Grisones y Lucerna se han lanzado iniciativas populares para exigir también la supresión del francés en la escuela primaria. Ya hace años que los cantones de Appenzell Rodas Interiores y Argovia eliminaron el francés en sus escuelas primarias. La lista de los que rechazan el francés en la escuela primaria podría ser más larga; en otros cantones se piensa cambiar radicalmente la enseñanza de idiomas. Los argumentos más esgrimidos son que se subestima el hecho de que, en realidad, el alemán estándar es la primera lengua extranjera que los niños de la Suiza alemana tienen que aprender con mucho esfuerzo, y que es pedagógicamente descabellado aprender a la vez dos lenguas extranjeras.

El duelo del francés contra el inglés

Si un cantón decide suprimir el francés en la escuela primaria, no por ello elimina este idioma, sino que lo transfiere al nivel superior de la escolaridad obligatoria, y por tanto se aprende durante menos años. Es decir, son cada vez más los niños que empiezan claramente más tarde y con muchas menos horas de clase en una segunda lengua nacional. Lo que verdaderamente indigna ahora a los suizos franceses es que la devaluación del francés conlleva una revalorización del inglés. Ya en 14 cantones de la Suiza alemana la primera lengua extranjera enseñada es el inglés. Por lo general, el “Frühfranzösisch” se empieza a enseñar dos años después de las primeras clases de inglés.

Duelo de la lengua extranjera contra la lengua nacional

El cantón de Zúrich desencadenó este proceso introduciendo en 1998 el “Frühenglisch” en la escuela primaria. Con esa decisión, el entonces Ministro de Educación de Zúrich, Ernst Buschor (PDC), dejó claro hasta qué punto consideraba obsoleto el principio por el que en las escuelas se prefiere el francés al inglés. Buschor estaba entusiasmado con la idea de que se enseñara inglés en la escuela primaria, porque para él el inglés es la lengua con más futuro y es clave para la informática y la economía. Con su decisión sentó las bases del actual litigio lingüístico. Pronto se vio que los suizos franceses consideraban que el enfoque de Buschor era una afrenta. José Ribeaud, publicista de la Suiza francesa, se convirtió en uno de los críticos más mordaces del Ministro de Educación de Zúrich. Con su libro “Vier Sprachen, ein Zerfall” (“Panorama Suizo” 1/2014) demostró ser un gran conocedor de la situación lingüística de Suiza, cuyos pronósticos son muy certeros. Todavía hoy, refiriéndose a la ofensiva en favor del inglés lanzada por Buschor, Ribeaud afirma: “Aquel fue el peor mensaje para Suiza”. Y si bien no acusa a los suizos alemanes de hostilidad, sí que percibe en ellos “una grave falta de consideración y echa en falta el respeto que antes se tenía frente a las minorías”. Pero Buschor y Ribeaud no hablan de lo mismo. Buschor se refiere al derecho a conceder la debida importancia a la lengua principal a la hora de elaborar los planes de estudios. Ribeaud, en cambio, habla de la obligación de conceder a las principales lenguas nacionales la importancia que merecen.  

Separatismo humillante

Y no es que a los políticos responsables de la educación en la Suiza alemana les falten argumentos, sino que aducen que, a veces, los alumnos y los profesores están desbordados con la enseñanza del francés en la escuela primaria. Y opinan que lo principal es ver qué resultados se obtienen con la enseñanza de idiomas, que lo decisivo es saber si al final de su escolaridad obligatoria, los jóvenes pueden comunicarse en una segunda lengua nacional. Esta es la meta propiamente dicha. Desde cuándo y durante cuánto tiempo debe enseñarse la segunda lengua nacional es secundario. Pero el eco de tales argumentos es muy escaso en la Suiza francesa, que interpreta el comportamiento de la Suiza alemana como un separatismo humillante. Políticos de todos los partidos de la Suiza francesa advierten de que así corremos el peligro de romper un importante eslabón de la cohesión nacional de Suiza. Pascal Couchepin, político liberal y ex consejero federal, advierte que la Suiza alemana se arriesga a marginalizarse ella misma: “¿Qué sería de Suiza sin los suizos franceses y sin los tesineses? Sería, en cierto modo, una simple provincia alemana”. Otros esbozan la espectral idea de que un día los jóvenes suizos alemanes tendrán que hablar inglés para comunicarse con sus compatriotas francófonos y, así, se perderá el efecto identificador de las lenguas nacionales.

Con los conocimientos de idiomas se genera respeto

También para la mayor guardiana lingüística del país, Isabelle Chassot, que es bilingüe, la identidad es la clave de sus reflexiones. Chassot, Directora de la Oficina Federal de Cultura y ex política en el sector educativo, dijo este verano durante el debate al respecto que Suiza perdería mucho sin paz lingüística: “Le faltaría todo lo que conforma hoy la identidad de este país: el respeto por las minorías, la comprensión frente a la diversidad, la búsqueda de compromisos y la importancia del equilibrio”. Y añadió que si Suiza decidiera apostar por el inglés como lingua franca, sucedería lo hasta ahora inimaginable: que la lengua se reduciría a su significado utilitario. Pero la lengua tiene aspectos culturales: “Refleja el mundo de sus hablantes, su concepto del mundo, su mentalidad, sus tradiciones”. Los suizos franceses esperan poder hablar su propia lengua y pese a ello ser comprendidos, argumenta Chassot. Quieren ser considerados suizos francófonos de pleno derecho: “Pero no piden que se hable con ellos en francés. Para ello existe la convención típicamente suiza de que, en debates políglotas, cada persona puede hablar en su propia lengua”.

Presión desde arriba

En Suiza, la escuela es competencia de los cantones. Y las injerencias en las estructuras federales no forman parte de las virtudes suizas. A finales del verano, el consejero federal friburgués Alain Berset (del PS) se  vio, no obstante, obligado a precisar que la Confederación tiene naturalmente derecho a intervenir en caso de que peligren los intereses generales del país. Y añadió que la enseñanza es una parte importante del concepto federalista de Suiza, pero el federalismo no funciona sin responsabilidad frente a Suiza en conjunto: “El federalismo no consiste simplemente en que cada uno haga lo que quiera en su ámbito, independientemente de lo que esto signifique para Suiza”, dijo Berset en una entrevista con el diario “Neue Zürcher Zeitung”. Tras Berset fue asimismo la Comisión de Educación del Consejo Nacional la que aumentó la presión. Su Presidente, el consejero nacional Matthias Aebischer (del PS de Berna), dejó constancia a principios de octubre de que no estaban ya dispuestos a ser testigos de “cómo los cantones suprimen uno tras otro el francés en la escuela primaria”. Al mismo tiempo, la Comisión estudia concienzudamente la propuesta de forzar a los cantones a introducir en la escuela primaria la enseñanza de una segunda lengua nacional mediante una ley federal. Con estas ideas, la Comisión de Enseñanza presionó sobre todo a los ministros cantonales de Educación, que a finales de octubre se reunieron en Basilea y se vieron obligados a reaccionar ante la agitación emocional que reina en el país, e hicieron una afirmación categórica: no se puede cuestionar el principio según el cual se enseñan dos lenguas en la escuela primaria, pero los cantones seguirán estando facultados para decidir si la primera es el inglés o el francés. 

Aun así, esta afirmación no cuenta con el respaldo del poder, lo que constituye un escollo considerable. Los ministros de Educación no pueden imponer nada a los cantones. Sólo pueden dar recomendaciones. Así pues, queda por ver si la preocupación de Berset se soluciona, si la reivindicación de Chassot se cumple y si la propuesta de la Comisión de Aebischer se aplica. Por eso, el consejero federal ha vuelto a aumentar la presión tras la reunión de los ministros de Educación y amenazó con que la Confederación no dudará en intervenir si en los próximos meses un cantón decidiera definitivamente eliminar el francés de los planes de estudios de la escuela primaria.

Pese a todas las contrariedades, políticos responsables de la educación pertenecientes a todos los partidos esperan que, en última instancia, la Confederación no intervenga. La consideración que subyace tras estas expectativas es que si la Confederación endurece la base jurídica, en la Suiza alemana se podría lanzar un referéndum en contra; y si el referéndum tiene lugar, los ciudadanos suizos tendrían que pronunciarse en las urnas sobre la paz lingüística en Suiza; y si una nación vota sobre cuestiones lingüísticas, no es muy probable que el proceso contribuya a apaciguar los ánimos. Ahora mismo nadie quiere que se celebre una votación popular en todo el país, porque se intuye que comportaría riesgos. El consejero nacional friburgués François Steiert (PS), bilingüe y él mismo defensor de la introducción de una segunda lengua nacional en la escuela primaria, especula con la posibilidad de que una votación popular sobre las lenguas “consolidaría la fragmentación de Suiza en regiones lingüísticas, pondría en tela de juicio la cohesión nacional y desencadenaría rechazos de un alcance insospechado”.

La ofensiva del “Schwyzerdüütsch”

Cambio de escenario. En los jardines de infancia de Argovia se trabaja actualmente para solucionar otro litigio lingüístico. Desde que comenzó el nuevo año escolar, allí sólo se habla en dialecto. Hasta ahora, la idea era hacer atractivo el aprendizaje del alto alemán (Hochdeutsch) para los más pequeños en el jardín de infancia, pero ese proyecto se ha abandonado definitivamente. Ya no se podrá enseñar en alemán “estándar”, como se le llama en Suiza al alto alemán o al alemán escrito, porque los electores de Argovia aprobaron el pasado mayo, contra la voluntad del Gobierno, una iniciativa de los Demócratas Suizos (DS) que impone el dialecto como lengua de enseñanza en los jardines de infancia. Ya en 2011 los electores de los cantones de Basilea-Ciudad y Zúrich se pronunciaron en favor de la revalorización del dialecto en los jardines de infancia. Y en el cantón de Zug, la UDC acaba de lanzar una iniciativa para que el “Schwyzerdüütsch”, o suizo alemán, sea obligatorio en los jardines de infancia y en algunas asignaturas de la escuela primaria. 

No está claro por qué la Suiza alemana, además de la disputa lingüística con la Suiza francesa, se ha metido de lleno en un extraño conflicto sobre dialectos alemanes. Ciertos observadores suponen que aquí subyace una nostalgia difícil de justificar con argumentos racionales, que más bien puede interpretarse como expresión de la “búsqueda de la patria” en un mundo cada vez más globalizado. Pero los cantones que explícitamente exigen el dialecto en vez del alemán se complican mucho la vida, porque ¿qué es un dialecto? ¿Tendrán que aprender los profesores alemanes que enseñan en Argovia alemánico con acento argoviano? ¿Se considera también dialecto la primitiva lengua dialectal del Valais de una profesora de jardín de infancia de Visp que enseña en Aarau, aunque los niños de Argovia apenas lo entienden? ¿Y cómo soluciona el cantón el problema de que por razones históricas no existe un “Aargauerdüütsch” propiamente dicho?

Una parte de la Suiza francesa se ríe de los circunloquios de la política lingüística dentro de la Suiza alemana. Pero para críticos como José Ribeaud éste también es un motivo para irritarse seriamente, y opina que así, los suizos alemanes ponen doblemente en peligro la paz lingüística. Primero ignoran el francés. Después molestan con su descuido del alemán a los suizos franceses que aprendieron alemán con gran ahínco, pero que no comprenden el “Schwyzerdüütsch”.

El contrapunto tesinés

Pero en pleno litigio, Suiza también puede sorprenderse de sí misma. Mientras los suizos alemanes y los suizos franceses discuten desde cuándo y cómo se debe enseñar a los más pequeños una segunda lengua nacional, los tesineses exigen a sus alumnos que aprendan en la escuela incluso tres lenguas nacionales: italiano, francés y alemán. A los nueve años se les introduce a la lengua de Voltaire. Cuatro años después, el alemán es una asignatura obligatoria. En el Tesino piensan que aprender tres lenguas nacionales “ce n’est pas la mer à boire”,  no es nada del otro mundo. Y si bien los tesineses no son talentos lingüísticos más geniales que el resto de los suizos, tienen claro que como su lengua es claramente minoritaria se sentirían mudos en el resto del país si no conocieran otras lenguas nacionales.

Marc lettau es redactor de “panorama suizo”

No es ningún disparate: la quinta y la sexta lengua

Además de las lenguas oficiales, están reconocidas otras dos. Así, el yeniche (véase también “Panorama Suizo” 2/2014) es considerado “lengua no territorial” y recibe un apoyo específico. La segunda “lengua no territorial” minoritaria de Suiza es el yidis, cuya minoría lingüística incluso va en aumento sin ningún tipo de apoyo estatal. Se considera que el auténtico yidis suizo, el yidis de Surbtal o de Ending, ha desaparecido. No obstante, algunas expresiones se han incorporado al lenguaje cotidiano en la Suiza alemana, como “Stuss” para “disparate”.
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