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Descubridor y genio universal

27.08.2014 – Beat Mazenauer

Nadie es profeta en su tierra. Este refrán popular se aplica perfectamente al caso de Alexandre Yersin (1863-1943). Si bien nació en Morges, en el cantón de Vaud, Yersin pasó la mayor parte de su vida en París y después en el sureste de Asia. En su novela «Peste y cólera», el escritor francés Patrick Deville vuelve a recordar merecidamente a este genio universal.

Yersin fue un pionero en varios campos. La bacteria de la peste «Yersinia pestis» sigue llevando su nombre. La descubrió en competición con otros investigadores – más bien casualmente – en 1894, en Hong Kong, para Francia y el Instituto de Louis Pasteur. Pero el propio Yersin apenas sacó provecho de dicho descubrimiento. Cuando sus colegas del Instituto empezaron a recibir premios Nobel, Yersin ya había emprendido desde hacía tiempo otros caminos. Abandonó el escenario parisino para encontrar una nueva patria en Vietnam, entonces francés. Encontró su paraíso personal en el pueblecito de pescadores Nha Trang, donde pudo dar rienda suelta a su curiosidad enciclopédica. Allí, en la selva, construyó un pequeño universo. El bacteriólogo Yersin trabajó asimismo como topógrafo, geógrafo, meteorólogo, agricultor, ingeniero, descubridor y arquitecto. Su impaciencia y su facilidad para aburrirse rápidamente lo llevaban a estar siempre abierto para lo más novedoso. Así, fue uno de los más entusiastas pioneros del automóvil y el primero en viajar en automóvil por Hanoi. Se enriqueció con la producción de caucho y quinina.Esa riqueza de invenciones es la que explora Patrick Deville en su novela, por la que recibió el Prix Fémina en 2012, en la que se aproxima a su héroe en una especie de movimiento de tenaza temporal, con meticulosa precisión y una gran nitidez. Todo ello se enmarca en los últimos años de la vida de Yersin. En 1940 volvió a vivir por última vez en París, poco antes de la incursión de los nazis, para luego abandonar definitivamente Europa. Tenía nuevos planes en Nha Trang: quería familiarizarse con el griego y el latín. Bajo la forma de un «fantasma del futuro“, Deville acompaña a su héroe a través de su vida, evocando sus distintas etapas. Lo que de ello hace aflorar es la microhistoria verdaderamente gigantesca desde la perspectiva de un hombre que se interesaba por todo, excepto por la política, que – pese a su espíritu emprendedor colonial – siempre respetó a los nativos y desconocía cualquier tipo de desmesura o „hibris“ característica de los descubridores. «El agnóstico Yersin es un favorito de los dioses», apunta Deville. «Peste y cólera» está repleta de sorprendentes anécdotas sobre este espíritu mercuriano que probablemente cayó en el olvido porque como científico resulta prácticamente inclasificable. Esta novela ofrece a los lectores una perspectiva tanto del reino de los patógenos como de sus descubridores. Alexandre Yersin es el guía turístico, Patrick Deville su acompañante y discreto conductor. 

BEAT MAZENAUER

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