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  • Reportaje

Conserje en el Jungfraujoch, el empleo remunerado de mayor altura en Suiza

05.08.2022 – STÉPHANE HERZOG

En febrero de 2021, Daniela Bissig y Erich Furrer consiguieron el trabajo de sus sueños: ser conserjes de la estación de investigación de alta montaña del Jungfraujoch. Entre otras tareas, les incumbe realizar cinco observaciones meteorológicas al día. A continuación, un reportaje sobre la vida de esta pareja, a los 3 500 metros sobre el nivel del mar.

¿Más alto, más apartado, más rápido, más bonito? En busca de los récords suizos más originales. Hoy: el trabajo remunerado de mayor altura en Suiza.

Ella estaba a cargo del Departamento de Recursos Humanos en la Dirección de Obras Públicas del cantón de Uri; él trabajaba en una central eléctrica del cantón de Nidwalden. Desde febrero de 2021, Daniela Bissig y Erich Furrer se han mudado a otro planeta: ahora trabajan como guardias y conserjes en la estación de investigación de alta montaña del Jungfraujoch, una plataforma científica situada a 3 454 metros sobre el nivel del mar. “Cuando obtuvimos el trabajo de gerentes de mantenimiento, llamé a mis dos hijas para decirles que teníamos una gran noticia que anunciarles. ¡Ellas pensaron que íbamos a emigrar a Noruega!”, bromea Daniela Bissig. Cuando se enteraron de la naturaleza de este nuevo empleo, las hijas de Daniela, al igual que los dos empleadores de esta pareja, no se sorprendieron mucho. Ambos comparten la misma pasión por las montañas y la nieve. Daniela lleva en su brazo derecho el tatuaje de un copo. Y nieve hay mucha aquí, en este espolón encaramado entre los Alpes del norte y del sur.

“Es el trabajo de mis sueños.”

Erich Furrer

“En invierno salimos a las seis de la madrugada, sin desayunar, para remover la nieve que se amontona durante la noche”, explica Erich. Esta labor cotidiana arranca delante de la residencia de los guardias y prosigue 100 metros más arriba, en la Esfinge, nombre que lleva el promontorio rocoso en el que se encuentra el observatorio de la estación y al que los guardias acceden por medio de un ascensor de otra época. Primero despejan dos grandes terrazas, una labor que puede ser agobiante cuando han caído fuertes precipitaciones. A continuación, desayunan.

El ritual de las observaciones meteorológicas

El segundo ritual es la observación del tiempo. Daniela Bissig o Erich Furrer suben cinco veces al día a la Esfinge para observar el cielo durante quince minutos. En verano, el primer registro meteorológico es a las 8 a.m. y el último a las 8 p.m. Encaramados en una terraza de la estación que domina la gran plataforma reservada a los turistas que llegan con el tren al Jungfraujoch, Erich y Daniela analizan minuciosamente las condiciones meteorológicas. Estas observaciones le serán de gran utilidad a la Oficina Federal de Meteorología y Climatología, para que elabore su pronóstico del tiempo. ¿Qué características tiene la nieve? ¿Está lloviendo –cosa que en veinte años no ha pasado nunca– o granizando? Los guardias también describen la visibilidad y la nubosidad. En el Jungfraujoch hay niebla durante cerca del 40% del tiempo. Para hacer el reporte de nubosidad se divide el horizonte en ocho sectores y se distinguen diez tipos de nubes. Los cirros, que se mueven a una altitud de 9 000 metros, son fáciles de reconocer. Para determinar la altura de las otras clases de nubes sirven de referencia las cumbres circundantes: el Jungfrau, la Kleine Scheidegg y el Schilthorn. Cuando el cielo está despejado, la vista llega hasta la cumbre del Feldberg (en Alemania) o hasta La Dôle, una cima situada a 150 kilómetros a vuelo de pájaro. “Es una tarea imprescindible. No hay excusas”, sentencia Erich, quien desde marzo, tras haberse roto la pierna en Noruega, se mueve por la estación con un patinete improvisado que le obsequió un empleado del ferrocarril del Jungfrau.

Los guardias de la estación no solo se encargan del mantenimiento de las instalaciones y de algunas máquinas, sino también de la recepción de los investigadores que acuden a las instalaciones para realizar sus experimentos. En este laberinto de pasillos y niveles del Jungfraujoch nos cruzamos con un investigador zuriquense del Instituto Federal para la Investigación y la Prueba de Materiales; y en la Esfinge encontramos a un investigador belga que participa en una investigación experimental iniciada hace 50 años sobre los gases de la atmósfera.

© Swisstopo

La parte habitada de la estación se construyó en la ladera de la montaña. Los distintos niveles de esta edificación se comunican por medio de un pequeño ascensor empotrado en la roca. En la planta baja se encuentran el taller de los guar­dias, tres laboratorios y un lavadero. El primer piso alberga diez pequeñas habitaciones al estilo chalé, donde se hospedan los investi­ga­dores; aquí tienen a su disposición una magní­fica sala artesonada, en cuyas paredes se apre­cian las fotos de dos investi­gadores ex­tra­njeros fallecidos en 1955 en una grieta, así como la de un guardia muerto por la caída de una piedra, en 1964. En el tercer piso se encuentran la cocina y un salón contiguo. En la cuarta planta está situada la biblioteca donde trabajan los investigadores. El apartamento de los guardias se ubica en el quinto piso. Desde la cama matri­monial se tiene una vista panorámica sobre el glaciar de Aletsch, que desciende hacia el Valais.

Vacaciones en el valle

Para Daniela y Erich, el trabajo transcurre en la montaña y el descanso en el valle: en Erstfeld, un pueblo del cantón de Uri situado en la extremidad norte del túnel ferroviario del San Gotardo. Cada quince días es el cambio de turno: otra pareja toma entonces el relevo. Durante nuestra visita, Daniela y Erich estaban preparándose para recibir a una nueva pareja. La pareja anterior había aguantado cuatro años y medio. “Este trabajo requiere un sentido de la hospitalidad y el servicio”, puntualiza Daniela, a quien le gustaría conservar el puesto hasta jubilarse. La primera pareja que trabajó en el Jungfrau no logró mantenerse unida. El hombre permaneció en el puesto durante treinta años, a pesar de haber sido abandonado por su mujer, que, según se rumorea, se fue del brazo de un militar.

La estación es como un barco en altamar: deben ser bastante frecuentes los altercados entre los dos, ¿no? “Cada uno trabaja por su lado durante gran parte del día”, explica Erich. La pareja se reúne durante las comidas y las noches, y también comparte las observaciones meteorológicas de la mañana y la tarde, las dos más bonitas.

A esta altitud, la alimentación debe ser abundante y la hidratación constante. La comida se prepara en Erstfeld; un negocio de Wengen se encarga de subirla al tren. “Gastamos menos aquí, porque pedimos exactamente la cantidad que nos hace falta”, afirma el ama de casa, que suele ofrecer a los visitantes pequeños chocolates con la forma del Jungfrau. La pareja de conserjes conoce muy bien los efectos de la altitud: “El primer día procuramos movernos lentamente. La primera noche es cuando se duerme peor. Pero después, uno se va aclimatando”, explica Daniela.

Solos durante la pandemia

En 2020, nuestros dos anfitriones coincidieron inmediatamente en que este puesto debía ser para ellos. “El único punto que nos dio que pensar fue el aspecto económico, porque íbamos a perder alrededor del 30 % de nuestros ingresos”, señala Daniela. Pero, afortunadamente, la fundación que los contrató (véase recuadro) aumentó ligeramente su volumen de trabajo. Erich, que ha llevado a una de las dos hijas de Daniela a la cumbre vecina del Mönch, está aquí en su elemento. “Es el trabajo de mis sueños”, afirma. En el momento álgido de la pandemia, los dos guardias llegaron a encontrarse completamente solos en la estación. “Vivíamos como en una burbuja”, recuerda Daniela.

Un trabajo en los cielos

La estación de investigación del Jung-fraujoch ofrece el empleo remunerado "más elevado" de Suiza. El organismo que emplea a las dos parejas que se turnan en las labores de mantenimiento de la estación, es la Fundación Internacional de Investigación de Alta Montaña del Jungfraujoch y del Gornergrat (HFSJG, por sus siglas en alemán). Esta fundación, creada en 1930, representa a centros de investigación de seis países europeos y de China. Entre sus socios suizos figuran el municipio de Zermatt, las sociedades ferroviarias del Gornergrat y del Jungfrau, la Academia Suiza de Ciencias y la Universidad de Berna. Cada año se realizan en este centro de investigación un promedio de mil jornadas de trabajo. Últimamente, los experimentos que se están llevando a cabo en este peñasco se centran en aspectos medioambientales y climáticos. La estación alberga unos cincuenta experimentos científicos en ámbitos tan variados como la meteorología, la glaciología, la biología y la medicina.

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