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Cómo exporta Suiza su modelo de formación profesional que tanto le enorgullece

13.01.2017 – Marc Lettau

La formación profesional suiza conjuga en forma ejemplar la práctica y la teoría, conduce a una tasa de desempleo muy baja y se considera un éxito en materia de exportación: de ahí que sirva de modelo a numerosos países que desean renovar su sistema educativo. Sin embargo, el modelo no siempre es muy fácil de exportar.

Los resultados deben ser tangibles: ése era el lema a principios de los años 60, cuando el gobierno suizo empezó a conceder ayuda al desarrollo. La palabra “tangible” significaba que la meta era erradicar el hambre y la pobreza en el mundo, pero a través de proyectos concretos que al mismo tiempo transmitieran habilidades y conocimientos típicamente suizos, orientados hacia la práctica y representativos de los valores nacionales. Como país de montañas, vacas y maestros queseros, Suiza contribuyó a este proceso enviando cooperantes suizos a los Andes peruanos, por ejemplo, donde proporcionaron formación profesional a agricultores de montaña asolados por la pobreza, en queserías instaladas específicamente para tal efecto. Previamente, organizaciones humanitarias no gubernamentales suizas habían hecho lo mismo en las montañas nepalíes. Perú y Nepal son el símbolo de este proyecto encaminado a introducir un desarrollo de largo alcance, transmitiendo know how profesional para ayudar a los necesitados, gracias a la buena leche, a encontrar un empleo y mejorar su alimentación.

Naturalmente, los logros no siempre estuvieron a la altura de las expectativas; pero desde entonces la “exportación” del aprendizaje se ha vuelto un tema recurrente. La lista de los proyectos suizos de formación profesional es larga y abarca numerosos países: Bolivia, Burkina Faso, Ghana, India, Indonesia, Myanmar y por supuesto Nepal, donde se llevaron a cabo los primeros proyectos piloto. Actualmente Suiza ayuda a este país a implementar cursos de formación que pueden seguirse sin dejar de ejercer su profesión.

La reputación del sistema suizo de formación profesional impresiona incluso a las grandes naciones industrializadas. En 2015, EE.UU. firmó con Suiza un convenio de formación profesional, pues quiere saber cómo consigue Suiza formar de manera tan eficiente a los profesionales que requiere la economía. Suzi LeVine, embajadora de EE.UU. en Berna, encuentra “fascinante” esa interacción que existe en Suiza entre las empresas y las escuelas públicas de formación profesional.

Dos tercios de los jóvenes optan por un aprendizaje

A los que no les sorprende en absoluto es a los profesionales suizos. Cabe decir que el aprendizaje profesional goza en Suiza de gran prestigio. Dos tercios de los jóvenes suizos optan por un aprendizaje, con lo que dan la espalda a los estudios preacadémicos en un instituto de bachillerato, donde se da prioridad a la enseñanza teórica. Esto se debe a que el aprendizaje profesional se considera la clave del éxito: Suiza goza de una gran competitividad gracias a sus especialistas, muy bien formados en el país, y el aprendizaje profesional es la razón principal de que la tasa de desempleo juvenil sea tan baja. Allí no se producen “graduados desempleados”. Mientras que la tasa media de desempleo en Europa se acerca a los 10 %, la de Suiza sólo asciende a un 3,3 %. La gran mayoría de los jóvenes en Suiza no sufre la humillante experiencia de no poder integrarse a la vida laboral.

Estos resultados son asombrosos, sobre todo si se considera que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) critica regularmente el sistema educativo suizo, argumentando que ningún otro país europeo presenta una tasa tan baja de estudiantes de bachillerato. Mientras que en los países europeos más del 60% de los jóvenes cursan el bachillerato para matricularse después en una universidad, en Suiza esta tasa no supera el 20 %. Este supuesto distanciamiento con respecto al mundo académico es consecuencia del “éxito del producto”: la formación profesional suiza se inscribe dentro de un sistema educativo muy permeable, con alternativas que conducen incluso a una formación superior. Toda cualificación profesional, sin excepción alguna, ofrece la posibilidad de continuar formándose. Así, es muy común hoy en día que los jóvenes suizos opten por un aprendizaje profesional y, ya sea paralelamente a su formación profesional o durante los primeros años de ejercicio de su profesión, presenten el examen de bachillerato. Este “bachillerato profesional” les permite ingresar a una Escuela Técnica Superior o a la Universidad. Cerca del 40 % de quienes siguen actualmente una carrera universitaria optaron primero por el sistema de formación profesional dual, muy orientado hacia la práctica, y esta tendencia va en aumento.

Fuerte idealización en el extranjero

Un bajo porcentaje de estudiantes de bachillerato, poco desempleo juvenil, ninguna escasez de personal cualificado: éstos son los motivos principales por los que el modelo suizo se considera una referencia. El verano pasado, Serbia se incorporó a la lista de naciones que desean seguir este modelo. Mucho más avanzado se encuentra el proyecto en el país vecino, Bulgaria, que está llevando a cabo una acelerada reforma de su sistema de formación profesional: una reforma que los especialistas suizos en materia de educación califican de “muy prometedora”. Pero noticias de este tipo pueden inducir a una excesiva idealización. La experiencia de los últimos 50 años muestra que esta transferencia tiene ciertas limitaciones: el modelo no puede casi nunca implantarse tal cual y debe necesariamente adaptarse a las características de cada país. En particular debe considerarse que la formación profesional “a la suiza” se rige por los principios fundamentales de una nación forjada por la voluntad de su pueblo y el sistema de milicias: la economía y las empresas que forman a los aprendices favorecen la toma de responsabilidades, mientras que el Estado brinda el marco legal estable requerido: tales condiciones rara vez se reúnen en los países en vías de desarrollo. Históricamente, la formación profesional en Suiza cuenta con más de 200 años de existencia; surgió a partir de los gremios, los cuales daban gran importancia a las habilidades artesanales y promovían el orgullo de ser artesano. Los miembros de los gremios se identificaban con su profesión que les confería un gran prestigio social –lo que hasta la fecha sigue siendo el caso–.

Ocurre a veces que el énfasis que solía ponerse en lo tangible (como enseñar a los agricultores de lejanos países a hacer queso) conduzca a una excesiva idealización del actual compromiso suizo en favor de la formación profesional en países en vías de desarrollo o en transición. Entretanto, la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) sólo invierte un 4 % de su presupuesto en proyectos de formación profesional propiamente dicha. Y el porcentaje correspondiente a los países de Europa del Este es aún inferior: una evolución que el economista Rudolf Strahm, especialista en cuestiones de formación y ayuda al desarrollo, no deja de criticar, opinando que la ayuda suiza al desarrollo ha desatendido su vocación inicial y desperdiga actualmente sus recursos en innumerables países y causas. Éste es un punto de vista que comparten varios expertos de distintas tendencias –o tratan al menos de justificar argumentando que en todo el mundo evolucionan continuamente las metas del desarrollo–. Así, en el marco de los “objetivos del milenio” de la ONU, suscritos entre otros países por Suiza, las prioridades educativas ya no se centran en la formación profesional, sino en la educación primaria y la alfabetización. El razonamiento que hay detrás de este cambio es comprensible: ni el mejor sistema de formación profesional sirve de mucho si los jóvenes desfavorecidos no aprenden a leer y escribir. Sin embargo, entretanto las cosas han vuelto a cambiar de rumbo, porque la nueva agenda de la ONU para el desarrollo sostenible exhorta a la comunidad internacional a facilitar el acceso a una formación profesional asequible y de alta calidad.

Una herramienta de la diplomacia económica suiza

Por supuesto, Suiza no deja la transferencia educativa sólo en manos de la COSUDE. Una de las defensoras de los proyectos de formación profesional en el extranjero es asimismo la Ministra de Justicia, Simonetta Sommaruga (PS), quien reclama una mayor inversión en los proyectos de formación profesional en los países de origen de los solicitantes de asilo. Debido a que la migración por motivos económicos se ha convertido en un fenómeno permanente, este planteamiento podría ganar terreno en el futuro. Pero el promotor más infatigable del “aprendizaje profesional como éxito en materia de exportación” es el Consejero Federal Johann Schneider Ammann, quien lo ha convertido en herramienta de la diplomacia económica suiza. Son cada vez más numerosas las delegaciones comerciales extranjeras que vienen a Suiza para analizarlo en profundidad.

Sin embargo, esta ofensiva no está exenta de disonancias. El propio Mauro Dell’Ambrogio, Secretario de Estado para Formación, Investigación e Innovación, aseveró a finales de 2015 que si bien tenía conocimiento de algunos “experimentos puntuales exitosos”, ningún país había logrado implementar tal cual el sistema dual de formación profesional; asimismo, señaló que “la admiración mundial por el sistema suizo de formación” es engañosa, ya que la “transferencia incompatible del modelo” puede incluso tener consecuencias nefastas, por ejemplo para los empleados de cierta edad que se ven obligados a aceptar sueldos más bajos debido a su insuficiente formación profesional. Para resultar atractiva, la formación profesional debe gozar de cierto prestigio. “Pero el prestigio sólo puede derivarse de la carrera ejemplar de ciertos diplomados, lo que precisamente hace falta en un principio”, señaló Dell’Ambrogio.

El prestigio hace la diferencia

Si bien estas objeciones fueron objeto de muy severas críticas, en el fondo muchos expertos están de acuerdo con ellas: el éxito de una formación depende en gran medida de su prestigio. En tanto que los aprendices suizos están muy orgullosos de las carreras a las que tienen acceso, la formación profesional suscita no pocas reservas en los países que desean importar el modelo suizo. El artesanado y el trabajo práctico suelen considerarse profesiones de categoría inferior, sin perspectivas de futuro, como se desprende de numerosas ejemplos. Así, cuando Caritas se propuso implementar proyectos de formación profesional en Kosovo, las autoridades kosovares acogieron a la organización de ayuda con los brazos abiertos. Sin embargo, al principio no querían saber nada de la formación profesional; querían carreras universitarias. Caritas tuvo que revisar sus argumentos y sugirió ofrecer distintos tipos de formación profesional enmarcados en una carrera universitaria con el fin de modificar su imagen.

Marc Lettau es redactor de “Panorama Suizo”

El sistema dual de formación profesional

La formación profesional dual transmite, en forma paralela, saberes especializados y académicos. Los aprendices trabajan, por ejemplo, tres días a la semana en la empresa donde realizan sus prácticas y asisten dos días por semana a la escuela de formación profesional, donde también se imparten asignaturas de cultura general. En Suiza, la Confederación, los cantones y las organizaciones profesionales trabajan conjuntamente para posibilitar la formación profesional. Esto permite que la economía no sea una mera “receptora” de personal con una formación especializada, sino que comparte en gran medida la responsabilidad de dicha formación. (mul)

Bulgaria: el sistema de formación suizo brinda “todas las respuestas y las mejores recetas”

La escuela profesional de Thun recibe regularmente visitas. Después de las delegaciones de Corea del Sur, Camboya, Kazajistán, Rusia y Groenlandia, ahora los grupos que acuden a Thun proceden de Bulgaria. Sofía envía a representantes de empresas y profesores de escuelas de formación profesional para que se familiaricen en el Oberland bernés con la lógica del sistema suizo de formación profesional, basado en la complementariedad entre las escuelas profesionales, las asociaciones interprofesionales y el Estado.

De acuerdo con Vasil Radoynovski, de la Cámara de Comercio búlgaro-suiza, su país tiene razones apremiantes para reformar rápidamente su sistema de formación profesional; tras el cambio de régimen político en 1989 se descuidó la formación profesional: “Si bien seguían existiendo las escuelas de formación profesional, nadie velaba por su calidad. Hoy constatamos con preocupación que existe un importante desempleo juvenil; al mismo tiempo las empresas se quejan porque no encuentran personal especializado competente.” Esta paradoja de que muchos buscan trabajo y muchos se quejan de no encontrar trabajadores, ha sido el principal detonante para introducir la reforma de la formación profesional, que se basará en el modelo suizo.

Una entusiasta partidaria del aprendizaje profesional suizo es la embajadora búlgara en Berna, Meglena Plugtschieva, según la cual el modelo suizo ofrece “todas las respuestas y las mejores recetas” para enfrentar los actuales retos de la juventud de su país. Plugtschieva también solicitó insistentemente ayuda a Suiza tras el fracaso de los primeros intentos por mejorar el sistema de formación en su país. La intervención de Suiza brindó a Bulgaria la posibilidad de “dar inicio a una reforma sustancial de nuestro sistema de formación profesional”.

Llama la atención el amplio arraigo del que goza la reforma en este país. No sólo están implicadas directamente las empresas, sino que también colaboran en ella las autoridades gubernamentales del más elevado nivel. Hasta el final de su mandato, que concluyó recientemente, el Presidente de Bulgaria, Rossen Plevneliev, optó decididamente por el aprendizaje profesional. En su visita de Estado a Suiza en 2014, Plevneliev hizo incluso esperar al entonces Presidente de la Confederación, Didier Burkhalter, porque primero quería visitar la escuela profesional de Berna y hablar con los aprendices.

Menos de un año después de este traspié se inauguraron las primeras clases para los futuros ebanistas, mecatrónicos en el sector automotriz, electrónicos y expertos en tecnología de productos lácteos. En 2017 comenzarán su formación los primeros aprendices de otras profesiones. Asimismo, el gobierno ha promovido una reforma jurídica que permite a los jóvenes firmar contratos de aprendizaje.

“La presión de la realidad” nos ha obligado a llevar a cabo las reformas a un ritmo acelerado, explica Plugtschieva. Y añade que aparte de la velocidad, lo decisivo es la profundidad de este cambio. El “proyecto suizo” va mucho más allá de la política educativa: “Al reforzar el prestigio de las profesiones y de la formación profesional, inducimos un cambio de mentalidad. Creamos nuevas perspectivas y damos razones para que se diga que en nuestro país los jóvenes tienen perspectivas de futuro”: algo importante para su autoestima porque, como bien se sabe, “no es bueno convertir a nuestros jóvenes en migrantes económicos”.

Marc Lettau

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