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  • Economía

Camille Bloch invierte para una cuarta generación de chocolateros

07.05.2015 – Stéphane Herzog

Establecida en el pequeño valle de Saint-Imier desde 1935, la fábrica que produce los Ragusa quiere duplicar su capacidad de producción. La familia Bloch invierte mucho dinero para expandirse.

Camille Bloch invertirá 30 millones de francos en sus infraestructuras de Courtelary. “Los últimos grandes trabajos se remontan a los años 60. Invertimos para el futuro”, resume Jean Kernen, director de operaciones. Un tercio de las inversiones se consagrará a la producción. El resto servirá sobre todo para crear un centro de acogida para los amantes del chocolate. Este espacio, que se inaugurará en 2017, restituirá las etapas de su fabricación. Las instalaciones de Camille Bloch, que actualmente sólo pueden visitarse por la mañana y durante la semana, esperan atraer hasta 100.000 personas al año (frente a las 8.000 visitas actuales, más 30.000 entradas a sus almacenes).

La empresa quiere – pero sin fijarse una fecha – doblar sus capacidades de producción, que corresponde a una fabricación anual de 8.000 toneladas de chocolate relleno. Las líneas de desarrollo consistirán en fabricar productos apoyándose en los productos estrella de la marca, indica la Dirección. Camille Bloch se prepara para aumentar sus exportaciones, principalmente a Europa y Escandinavia. ¿Y a Asia? “De momento, China, por ejemplo, no está en el programa. La cultura del chocolate no está bien establecida en ese país y nosostros seguimos siendo una fábrica de especialidades, no de productos de masa”, explica Regula Gerber, la portavoz.

El crecimiento de esta empresa familiar ha sido continuo a lo largo de los últimos diez años, recuerda Jean Kernen. Entre 2003 y 2014 duplicó su cuota de mercado en Suiza, hoy en día establecida en el 5,1%. El producto estrella, Ragusa, ha seguido la misma marcha ascendente, y actualmente se producen 1.900 toneladas anuales, de una producción total de 3.700 toneladas. Camille Bloch ha introducido el chocolate en el mercado suizo con todas sus fuerzas, ganándose a Migros en 2013. Ahora, además de su distribuidor histórico, Coop, el monstruo naranja se ha incorporado a la red. La empresa, que en 2014 generó un volumen de negocios de 63 millones de francos, prevé una cifra estable en 2015, gracias a la fortaleza de la moneda nacional.

Esta fábrica de chocolate ha desarrollado creaciones ampliando en torno a sus productos estrella. Se ha elaborado un Ragusa de chocolate negro a partir del Ragusa clásico, pero asimismo se fabrica con caramelo para los jóvenes. Se produce en los formatos de 25 y 11 gramos, y la pieza patrón pesa 50 gramos. La marca también ha creado mousses de chocolate y es asimismo conocida por sus pralinés rellenos de kirsch, coñac y otros licores, y un total de 70 especialidades, algunas de ellas estacionales, incluido un chocolate kosher para la Pascua judía.

¿Cómo conquistar a las nuevas generaciones? Camille Bloch ha contratado a un Community Manager que gestiona la presencia de sus productos en las redes sociales, principalmente en Instagramm y Twitter. Pero, dentro de Suiza, la marca ha tocado techo. “Prácticamente hemos completado nuestra distribución, así que sólo podemos crecer innovando y lanzando nuevos productos”, indica Regula Gerber. Este fabricante evoluciona además en un país donde el consumo de chocolate descendió por primera vez en 2014 desde hacía mucho tiempo, pasando a situarse ligeramente por debajo de los 12 kg por persona. Este descenso se explica principalmente por una disminución del turismo el año pasado, opina la Dirección. Además, el cupo de consumo de chocolates extranjeros va en aumento, señala Regula Gerber.

A sus 51 años, Daniel Bloch, el nieto del creador de Camille Bloch, es quien dirige la empresa y el Consejo de Administración, del que también es miembro su hermano Stéphane. Una cuarta generación presente podrá retomar los pedidos. ¿Sigue siendo el mejor lugar para la sede de la sociedad Camille Bloch el municipio de Courtelary, en el pequeño valle de Saint-Imier? Jean Kernen no lo duda un instante. “Aquí disponemos de suficientes metros cuadrados para ampliar, pero asimismo de condiciones generales aceptables y niveles salariales menos elevados que en Ginebra o en Zúrich. Y por último, Bienne está a un tiro de piedra de la fábrica”, resume Jean Kernen. Evolucionar siguiendo fieles a sí mismos, ésta es la filosofía de Ragusa. Y como dice el Director, Daniel Bloch, “este chocolate es un poco como un viejo amigo, uno no quiere que cambie demasiado”.

De Dubrovnik a Courtelary

Como es tan frecuente en Suiza, la de Camille Bloch es una historia europea. Los Bloch son de origen francés. Llegaron a Suiza hacia 1850 y se establecieron en Berna, donde los judíos podían afincarse, cuenta el periodista Michel Bührer en una obra publicada con ocasión de los 75 años de la marca. Camille nace (con nacionalidad francesa) en 1891 y comienza su vida profesional con un aprendizaje en la fábrica de chocolates Tobler, en Berna. Este hombre, que adquirió la nacionalidad suiza e hizo su servicio militar en Suiza, funda su empresa en 1929 y traslada su fábrica a Courtelary en 1934, a las naves de una antigua papelería.

La Segunda Guerra Mundial se cruza de alguna manera en la fabricación de los productos de Camille. Durante el conflicto, el acceso al cacao está restringido para los industriales. Las compras de los clientes están racionadas y se necesitan cupones de racionamiento de alimentos. El director de la sociedad bernesa decide primero poner avellanas (no sujetas al bloqueo) en sus chocolates, lo que permite fabricar un producto con menos granos de cacao. Además, opta por rellenar su producto con praliné de avellanas, lo que constituye una innovación y precisa mejoras técnicas (para cortar las masas blandas y duras a la vez sin deformarlas). Finalmente, crea barras de 50 gramos, cuando los cupones de racionamiento permiten comprar 100 gramos de confitería y 100 gramos de chocolate. Ragusa pertenece a las dos categorías.

Ya sólo falta encontrar un nombre. La solución es europea, porque Ragusa es el antiguo nombre de la ciudad croata de Dubrovnik, que visitó Camille. Después llega Torino, en 1948, para nombrar el relleno con almendras.

De origen judío, la familia Bloch asume responsabilidades en la historia de Suiza. Nathan, el abuelo de Camille, fue, al parecer, uno de los primeros dirigentes de la comunidad israelita de Berna. Rolf, el padre de los actuales directivos de la sociedad, asumió la presidencia del comité del Fondo de Solidaridad destinado a las víctimas del Holocausto, creado a raíz del asunto de los fondos abandonados.* En plena contienda, hubo gente que preguntó al Dr. Bloch si era bueno para los negocios que figurara su apellido sobre los chocolates. También se le propuso vender su empresa... a buen precio. Hoy, los Ragusa se venden en unos treinta países y forman parte, por así decirlo, del patrimonio suizo.

* Rolf Bloch falleció el día de la aparición de este número de "Panorama Suizo“.

El reportaje de la producción

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